Artículo 5
José Tuells
José Luis Duro Torrijos

La lista de Balmis, agosto de 1803

Resumen

Durante los preparativos de la Real Expedición Filantrópica de la Vacuna, su Director, Francisco Xavier Balmis elaboró una lista de expedicionarios con asignación de sueldos y nombre de los familiares a los que se les debían entregar. El hallazgo de una versión diferente del mismo documento en el Archivo General de la Nación de México ofrece una perspectiva novedosa que subraya la estrategia de Balmis para obtener un control absoluto de la Expedición. Balmis consigue incorporar a un grupo de afines, entre los que se encuentran amigos y familiares, que lo acompañaran durante todo el trayecto que él realiza, desviando hacia el trayecto sur a los expedicionarios propuestos por la Junta de Cirujanos de Cámara. Ninguno de todos ellos, excepto Balmis que hace solo la etapa final de vuelta, obtendrá reconocimiento y honores por el éxito de la misión.

La Expedición de la Vacuna

El descubrimiento de la vacuna contra la viruela conmocionó el escenario de la práctica médica del siglo XIX por lo que contenía de ruptura con la tradición, de transgresión conceptual e innovación tecnológica. Aprovechando el marco basal que había proporcionado la técnica de la variolización, Edward Jenner traslada intuitivamente la recolecta de la materia inoculatoria del hombre al animal, diseñando un campo de captura de la inmunidad entre especies que pronto se reveló exitoso. “Cuando parecía que todo se aunaba para disminuir al género humano, dice Morejón, y que la peste de las viruelas se extendía por casi toda el mundo, faltos los médicos de un método seguro, de un específico para curarlas, pues la inoculación solo producía ventajas relativas, Dios por un medio maravilloso, valiéndose de unos ignorantes aldeanos de Inglaterra, descubrió al inmortal Jenner la vacuna, benigna y seguro preservativo de la más asoladora de las pestes”1.

La rápida propagación del método se vio comprometida, reticencias ideológicas aparte, por la necesidad de hacerlo llegar en condiciones de buena práctica y razonable eficacia a lugares remotos. Su fragilidad, determinada por la dependencia de animales infectados y una adecuada conservación de la materia vacuna, dificultaba un correcto transporte. Una ingeniosa solución para resolver este problema fue ensayada cuando los consejeros de la Corona española promueven una expedición para propagar el método a todos sus territorios, “quien tuvo por primera vez la idea oficial de difundir la vacuna en América, por los estragos demográficos, repercutiendo en la economía del periodo, será el Dr. D. Francisco Requena, Médico de Cámara junto con Flores, González, Gimbernat, Galli y Lacaba, quienes darán un dictamen positivo a favor de la Expedición”2. La propuesta inicial de José Felipe Flores, que sugería un itinerario con partida desde Cádiz en dos barcos rápidos llevando algunas vacas con cowpox y niños para realizar vacunaciones brazo a brazo3,4, fue relegada por la alternativa sugerida por Francisco Xavier Balmis, salir desde La Coruña, con un sólo navío y utilizando como transportadores los brazos de niños salvos de viruela que constituirían una cadena humana. Se obviaba así la necesidad de viajar con vacas infectadas.

Obtenido el encargo de dirigir la Real Expedición Filantrópica de la Vacuna4, Balmis se afana en los preparativos para ejecutarlo mientras corre el año de 1803.

La singularidad de la Expedición como gesta o hazaña2, en definitiva como episodio reseñable en la historia de la salud pública 5, ejemplo de transferencia tecnológica 6 y cimiento de los programas de inmunización7 ha sido ampliamente estudiado por diferentes autores 3,4,8,9. En apariencia constituye un capítulo cerrado del que todo o casi todo se ha escrito. Las fuentes documentales primarias, sobre todo las provenientes del Archivo General de Indias, han sido suficientemente explotadas. Sin embargo, puede ocurrir que algún documento ofrezca un nuevo detalle, que arroje un matiz de discusión diferente o que abra una interrogante. El propósito de este trabajo, a la luz de dos documentos firmados por Balmis en un mismo día, es averiguar las razones por las que, tratándose de idéntico contenido guardan sensibles diferencias, revelando un fragmento menor pero significativo del proceso de gestación de la Expedición.

Agosto, 1803

Tras un despliegue estratégico que incluyó contactos con los más influyentes cirujanos del Reino, la edición del libro de Moreau de la Sarthe 10 traducido por él mismo o la pública demostración de su pericia como vacunador abriendo una consulta gratuita en la calle Montera de Madrid, Balmis, que añade a estos méritos una dilatada experiencia como cirujano en Nueva España, obtiene el día 23 de junio de 1803 la aprobación de la Junta de Cirujanos de Cámara para su proyecto de expedición3,4. El documento propone el número y sueldo de los ayudantes que han de acompañarle, indicando además los que a juicio de la propia Junta son idóneos para la tarea: “Los facultativos que pueden ir de Ayudantes del Director son, en concepto de la Junta, los licenciados D. José Salvany, cirujano de este Real Sitio, discípulo del Real Colegio de Barcelona que podrá hacer las veces de Director por falta de este: D. Ramón Fernández Ochoa y D. Manuel Julián Grajales, discípulos del Real Colegio de San Carlos,… los enfermeros podrán ser a elección o propuesta del mismo Balmis”3,4. Cinco días después, el 28 de junio, el Rey ratifica esta decisión de la Junta y Balmis es designado oficialmente como Director de la Expedición4.

Una de las primeras decisiones que toma Balmis, recién estrenado su nombramiento, es la de proponer gente de su confianza para que le acompañe en su aventura. El 2 de julio remite una carta al Ministro de Gracia y Justicia donde indica: “Y, en atención a que S.M. me da facultades para proponer los enfermeros y sus dotaciones, propongo a V.E tres sujetos, cuya disposición y bellas cualidades me constan, y son los más a propósito para su penoso cargo, Don Basilio Bolaños, Don Ángel Crespo y Don Pedro Ortega, cuya dotación siendo de su cuenta la manutención en tierra, será de ochocientos pesos…”11. La prontitud con que Balmis efectúa esta propuesta indica que ya tenía perfilado su equipo y que estos habrían aceptado acompañarle con anterioridad. Con un soberbio sentido de la estrategia, está obligado a aceptar los nombres sugeridos por la Junta pero lo hace a regañadientes, se vale de una argucia para incrementar el número de empleados: “Como no tengo el menor conocimiento de los tres sujetos elegidos para Ayudantes míos, ignoro sus propiedades y aptitudes, y celo para el desempeño de las obligaciones que precisamente han de recaer sobre ellos algún día; y aunque puedo prometerme que su aplicación pueda facilitarles a mi lado los grandes conocimientos que se requieren para poderse dirigirse por si solos, cuando llegue la ocasión de separarnos, con todo me es indispensable decir a V.E que es preciso el aumento de otro Ayudante y de dos practicantes, pues debiendo dividirnos en cuatro expediciones, no puede menos que ir un Ayudante con su practicantes desde Méjico a Filipinas. Otro Ayudante y practicante al Virreinato de Buenos Aires, un Ayudante solo al Reino de Chile, y a mi lado otro Ayudante para todo el Reino del Perú y demás puntos a donde me llame la necesidad”11. No creemos que fuera intención de Balmis llegar hasta el Reino de Perú, nunca había estado en Sudamérica, y sus intereses siempre estuvieron en México. La continuación de la carta denota y confirma que ya tenía comprometidos a sus propios ayudantes, además de los citados enfermeros, cuando añade: “Por este motivo propongo a V. E para Ayudante a Don Antonio Gutiérrez y Robredo, que sirvió de médico de número en el ejército de Extremadura, fue cinco años colegial de San Carlos, y además de sus sobresalientes luces en Cirugía y Medicina, tiene la ventaja de haberse dedicado a mi lado a la práctica de la vacuna; y para practicantes a Don Francisco Pastor y Balmis, muy instruido en la vacunación por haberla constantemente practicado a mi lado; y a Don Rafael Lozano y Pérez Cirujano aprobado, que también se ha dedicado a esta nueva inoculación de manera que estos tres sujetos contribuirán infinito al buen desempeño de tan ardua empresa…”11. El plan de Balmis, trazado con minuciosidad, demuestra su intención de ejercer un férreo control sobre la expedición apoyándose en personas afines.

Un titular del diario Mercurio de España difunde ese mismo mes de julio una “Noticia de la expedición que se forma de orden y a expensas de S.M para propagar la vacuna en América”12  y también lo hace más ampliamente el viernes 5 de agosto la Gaceta de Madrid, reproduciendo la circular que se envió a todas las posesiones de Ultramar para informar del próximo arribo de la Expedición2,3. La circular fechada el 4 de agosto2, informa de los nombramientos de los siguientes expedicionarios: Balmis como Director; José Salvany como Vicedirector; como ayudantes Ramón Fernández de Ochoa, Manuel Julián Grajales (estos 3 últimos son los propuestos por la Junta) y Antonio Gutiérrez Robredo; desempeñando las funciones de practicante, Francisco Pastor Balmis Balmis y Rafael Lozano Pérez y finalmente en calidad de enfermeros: Basilio Bolaños, Pedro Ortega y Ángel Crespo (estos 6 últimos los elegidos por Balmis).

El mes de agosto transcurre con diferentes trámites para resolver asuntos prácticos de la expedición. La elección del barco que debía llevar a los expedicionarios fue uno de ellos. Un documento del Juez de Arribadas de la Coruña del 10 de agosto informa sobre dos posibles barcos candidatos para llevar a cabo el viaje, uno era la fragata Silph de 400 toneladas y otro la corbeta María Pita de 200 toneladas13. Optándose por la corbeta dadas sus mejores condiciones económicas y mayor velocidad, aunque fuera menos cómoda. Balmis se mostró de acuerdo con lo resuelto por el Juez de Arribadas a fecha de 24 de agosto. El apoyo de la Corona a lo realizado por las autoridades del puerto de La Coruña es ratificado con una Real Orden fechada el 30 de agosto, por la que se comunica al Juez de Arribadas que arregle el contrato con el armador de la corbeta María Pita o con el de otro barco bajo, condiciones equitativas y ventajosas para la hacienda14.

Balmis también se ocupó de efectuar una relación de empleados en la expedición pormenorizando las dotaciones económicas que a cada uno le correspondía y cómo debían hacerse las asignaciones a sus familiares en España. Un documento que resultará revelador de la inteligencia estratégica de Balmis para con los suyos, redactado el 24 de agosto de 1803.

La lista de Balmis en dos versiones

Con fecha 1 de septiembre de 1803, se redacta y envía desde la península una Real Orden15 comunicando la Expedición a todos los territorios por donde transcurrirá su labor vacunal, junto con las obligaciones de las autoridades de las colonias. Entre los documentos que contiene se encuentra la relación de empleados que acabamos de mencionar y que denominaremos como la “lista de Balmis”.

Esta lista de 24 de agosto se encuentra en el Archivo General de Indias (A.G.I) y ha sido el documento referenciado por los autores que se han ocupado del tema2,4, denominándose “Lista de los empleados en la expedición de la Vacuna y asignaciones que dejan a sus familias en España, con especificación de sus nombres, pueblos de su residencia en donde las han de percibir…16. Idéntico documento se encuentra en el Archivo General de la Nación (A.G.N) de México17, lo que corrobora que formaba parte de lo remitido a las colonias con la R.O. de 1 de septiembre. Reproducimos esta última copia (figura 1) que va refrendada por Balmis en Madrid.

Figura 1. Lista A. AGN: Indiferente: Epidemias. Exp 026. Caja 5853.

En este listado se observan dos cambios respecto a la circular del 4 de agosto, aparece como enfermero Antonio Pastor y desaparece Ángel Crespo. Éste último, como se ha afirmado no partirá con la Expedición desde La Coruña2 y como indica la lista tampoco lo hizo desde Madrid. Sin embargo, se unirá a los expedicionarios más tarde, acompañando a Balmis por la ruta de México y posteriormente durante el viaje a Filipinas. De Crespo se ha dicho que fue el secretario de la Expedición, el encargado de la correspondencia y quizá de llevar el diario de la misma. Probablemente fue el hombre de confianza de Balmis, un apoderado suyo más allá del periodo que nos ocupa. Lerdo de Tejada lo sitúa en Veracruz muchos años después como empleado de la renta de tabaco próximo al ayudante Antonio Gutiérrez de Robredo18.

Pero además de este pormenor, lo que resulta curiosamente relevante es la aparición de otra versión de la lista de Balmis, considerando que las citadas del A.G.I y A.G.N son la misma. Se trata de un expediente catalogado como: “Lista de empleados en una expedición de vacunación dotaciones y las asignaciones distribuidas en Barcelona, Madrid, Toledo, Alicante y Madrid”19, localizado recientemente en el Archivo General de la Nación de México (figura 2).

Figura 2. Lista B. AGN: Epidemias. Exp 008. Caja 3623.

El expediente no forma parte de ninguna real orden, resolución o circular emitida por alguna autoridad, nada que lo pueda asociar, en principio, a la expedición de la vacuna de Balmis. Está compuesto por un único folio manuscrito que por su tipo de caligrafía corresponde claramente a Balmis. El texto conocido hasta ahora se encontraba ratificado por el nombre de Francisco Xavier de Balmis, pero no firmado, esta nueva versión de la lista se encuentra refrendada por las siglas FB, rubricando con claridad una firma, que señala a Balmis como elaborador de la misma. Surge aquí un primer interrogante, ¿porqué no utiliza Balmis su firma habitual?, ya que su costumbre al redactar un escrito era la de emplear el autógrafo Francisco Balmis ó Francisco Xavier de Balmis.

Una segunda incógnita y no menos importante viene de la consideración que el documento está elaborado en Madrid, ofreciendo la apariencia de borrador por el empleo de tachaduras. Pero si es un borrador no adscrito a ningún otro texto explicativo, ¿porqué se localiza en México?. De alguna manera pudo formar parte de alguna notificación remitida desde la península y muy probablemente, por su fecha y contenido, debió pertenecer a la Real Orden citada, ignorándose la razón por la que aparece traspapelada.

Hemos comparado las dos versiones de la lista y encontrado algunas diferencias que pasamos a enumerar. Fechadas ambas el 24 de agosto, la relación de empleados es la misma con una sola excepción, en la lista ahora encontrada y que denominaremos “B”, se cita como “Enfermera” a Dña Isabel Zendala Gómez, la Rectora de la Casa de Expósitos de La Coruña que formará parte de la Expedición acompañando a Balmis a México y Filipinas20. El dato constituye una novedad interesante por cuanto sitúa a la Rectora vinculada a la Expedición en fecha diferente y anterior a lo hasta ahora conocido. Considerada como “la primera enfermera de salubridad en misión internacional”20, su figura ha dado pie a numerosas especulaciones, empezando por su verdadero nombre, algo que ya hemos tratado20 y que debe quedar cerrado con el texto publicado en un dominical: “los libros de Registro de Expósitos de A Coruña y Santiago (en los que aparece como madrina de nueve niños abandonados en el torno coruñés, entre mayo de 1800 y febrero de 1802) permiten acuñar ahora, de manera irrefutable y definitiva su verdadera identidad; Isabel Zendala y Gómez, soltera vecina de La Coruña y rectora de los expósitos”21.

Su fecha de incorporación a la Expedición en clase de enfermera había sido fijada hasta ahora por el nombramiento efectuado por el Secretario de Gracia y Justicia, Ministro Caballero, el día 14 de octubre, a petición del propio Balmis y de D. Ignacio Carrillo y Niebla, como Presidente del Hospital de la Caridad de La Coruña del que dependía la Casa de Expósitos, “conformándose el Rey con la propuesta de Vm y del Director de la expedición destinada a propagar en Indias la inoculación de la vacuna, permite Su Majestad que la Rectora de la Casa de Expósitos de esta Ciudad sea comprendida en la misma expedición en la clase de Enfermera con el sueldo y ayuda señalada a los enfermeros”2. Cabe por tanto preguntarse cómo aparece en esta lista “B”, considerando además que Balmis y los expedicionarios salen de Madrid hacia La Coruña en el mes de septiembre. Entendemos que existe una razonable explicación. Ignacio Carrillo era a la vez Juez de Arribadas y Presidente del Hospital de la Caridad en La Coruña. También actuaba como “inquisidor honorario del tribunal del Santo Oficio de este reino y comisario en esta ciudad”. Carrillo que conocía a Balmis de anteriores viajes realizados por éste a América, se había encargado del flete de la corbeta “María Pita” y probablemente actuó de nexo de unión entre Balmis y la Rectora, convenciéndola para efectuar el viaje cuando éste planteó la necesidad de colectar niños de la Casa de Expósitos.

Cuando Balmis redacta su proyecto de Derrotero que ha de seguir el Expedición menciona las obligaciones específicas de los enfermeros ” para el buen desempeño de este cargo, conviene recaiga en sujetos de juicio y prudencia que cuiden del buen orden de los niños, que deben guardar así en el mar como en tierra, de su limpieza y aseo que tanto interesa para conservar la salud y de asistirlos con amor y caridad. No deberán separarse de los niños cuando salten a tierra y cuando salgan al campo, para evitar algún extravío, y hacerles guardar la moderación y buen orden que se requiere en una expedición tan respetable”20. Estas son las acciones que Balmis alabará en todo momento cuando se refiriere a la labor desarrollada por la Rectora, lo que puede aventurar la hipótesis de que la pudiera tener presente al redactarlo. El supuesto de un conocimiento previo bien personal o por referencias justificaría que ésta tomara la decisión de embarcarse habiendo tenido tiempo para madurarla y no tanto en el lapso de un mes que media entre la llegada de los expedicionarios a La Coruña y su nombramiento.

Continuando con el análisis de las dos versiones de la lista, la que hemos denominado “B” ofrece un mapa de apellidos “Balmis” o personas relacionadas con el Director ciertamente significativo.

Presencia de los “Balmis” en la lista “B”

Ambas versiones de la lista tienen dos columnas, una con los nombres de los expedicionarios y otra con la de los familiares a los que remitir una asignación económica. En la versión “B” de la lista aparece hasta 4 veces el apellido Balmis además de su rúbrica FB, mientras que en la versión ampliamente difundida aparece solo una vez además de su firma. Veamos la lista “B”, Francisco Xavier de Balmis aparece 2 veces, una de ellas tachado a lo que añadimos su firma como FB. Entre los practicantes su sobrino Francisco Pastor y Balmis tiene como beneficiaria de la asignación a su madre y a la vez hermana de Balmis, Michaela Balmis (de Alicante). En la lista “A” solo Balmis como Director y firmante, Francisco Pastor es citado a secas y tiene como beneficiario esta vez a su padre y cuñado de Balmis, Salvador Pastor (Alicante). En ambas el enfermero Antonio Pastor figura sin su segundo apellido, había sustituido a Crespo propuesto por Balmis y se ha especulado con la posibilidad de que fuera hermano de Francisco y a su vez también sobrino de Balmis. No existe documentación sobre este parentesco, pero sí pruebas de que formaba parte del entorno de Balmis ya que la beneficiaria en Alicante es nada menos que la propia mujer del Director, Josefa Mataix, con la que Balmis había contraído nupcias 30 años antes en Alicante. Resulta paradójico que Balmis no la citara como beneficiaria y por contra se sirviera del enfermero como medio para darle una asignación. De cualquier forma y sin entrar en las razones de esta decisión, queda claro que las dos personas estaban vinculadas estrechamente a Balmis.

Respecto a los sueldos que deben percibir los expedicionarios no existe ninguna variación entre las dos versiones de la lista, excepto en las cantidades que se deben asignar en España mostrando dos modificaciones mínimas. En la primera el ayudante Antonio Gutiérrez Robledo pasa de una asignación de 6000 reales a 6600 en la lista “B”, destinados D. Manuel Celestino Carrasco de Madrid, secretario de Godoy y que años después durante la Guerra de Independencia será encarcelado por afrancesado22. Una segunda variación está en la asignación propuesta para el enfermero Antonio Pastor, que pasa de 5000 reales a 4600 en este nuevo documento, siendo la persona nombrada para recibirlos la antedicha Josefa Mataix de Alicante. Se constata pues que las modificaciones afectan a personas vinculadas a Balmis.

En el documento “A” se minimiza el efecto “Balmis” como se ha visto, bien por decisión del propio Balmis o por algún consejo recibido. Ese maquillaje entendemos que pretende disipar la idea de que Balmis organizó su propia expedición dentro de la Expedición. Hechos posteriores así lo corroboran.

Trascendencia posterior de una intención

Balmis quiso mantener un férreo control sobre todo lo que aconteciera en la empresa que iban a acometer. Prueba de ello es como aparta de la Expedición al ayudante Ramón Fernández Ochoa antes de salir de La Coruña. Primero informa que “se manifiesta el desprecio con que miraba a sus propios compañeros y aún al mismo Balmis, introduciendo desunión y desconfianza23, después pide se nombre a Salvany como Vice-director, solicitud que se le concede además de darle la potestad para separar a Fernández Ochoa y a “cualquiera otro que no fuera gustoso, sin permitir que embarcase y exigiéndole las cantidades que hubiesen recibido2, Balmis hace efectiva su decisión el día anterior a la partida.

Cuando decide dividir la Expedición en Puerto Cabello, Venezuela, Balmis ordena a Salvany que tome el mando de la ruta sur hacia la América meridional y destina con él a Manuel Grajales, Rafael Lozano y Basilio Bolaños como ayudante, practicante y enfermero, respectivamente. La separación de este grupo se hace efectiva el 8 de mayo de 1804. Balmis se ha deshecho en apenas cinco meses de todos los propuestos por la Junta de Cirujanos.

En 1809 hace un informe negativo sobre la labor de Salvany ignorando su mal estado de salud, recomendando no se le entregase ningún puesto en Lima, donde podría establecerse23. Salvany tras infinidad de penalidades fallecerá el 21 de julio de 1810 en Cochabamba, Bolivia, comunicando el propio Balmis que “ha conocido este fatal acontecimiento el 11 de marzo de 1813″4. Lo que prueba su desafección hacia este grupo de expedicionarios.

No ocurrirá lo mismo con los que constituyeron su núcleo de protegidos. Antonio Gutiérrez y Robredo, único ayudante recomendado por Balmis “por haberse dedicado a mi lado a la práctica de la vacuna”9 se convierte en el “discípulo predilecto del Director de la Expedición”9, y como se ha dicho permaneció junto a Crespo en Veracruz hasta el final de sus días18.

Son conocidos sus elogios hacia la Rectora: “que con el excesivo trabajo y rigor de los diferentes climas que hemos recorrido, perdió enteramente su salud, infatigable noche y día ha derramados todas las ternuras de la más sensible Madre sobre los 26 angelitos que tiene a su cuidado, del mismo modo que lo hizo desde La Coruña y en todos los viajes y los ha asistido enteramente en sus continuada enfermedades”9. Asimismo da muestras de interés y protección hacia los Pastor realizando gestiones el 30 de junio de 1810, para que retornaran desde México: “D. Francisco y D. Antonio Pastor individuos de la Real Expedición Marítima de la Vacuna, que dejé comisionados en Filipinas y estando mandado por S.M en el Reglamento formado por la dicha expedición, que concluida su comisión regresen a España de cuenta del Real Erario hasta llegar a sus casas; para que se digne dar las ordenes correspondientes y los auxilios necesarios de cuenta de la Real Hacienda para los gastos del viaje desde esta capital a la ciudad de Alicante su Patria de donde salieron”9.

Balmis confeccionó una lista de expedicionarios afines que se hace mucho más evidente al cotejar el documento “B”. Ese bloque de comisionados le acompañará a lo largo de todo su periplo y parece claro que Balmis lo había planeado desde el inicio de los preparativos.

Nos ofrece un perfil de Balmis experimentado, perfeccionista, ambicioso y calculador, que sabe desenvolverse con habilidad en las tareas administrativas de palacio, midiendo bien los tiempos para obtener el reconocimiento y el control de la expedición, anudándolo con la formación de un grupo a su entera disposición.

Con todo queda un hecho irrefutable, hay una “expedición Balmis” dentro la Real Expedición. Balmis llega a Madrid en septiembre de 1806 solo, sin ningún otro expedicionario, quedando estos en América donde fallecieron durante o después de la Expedición y retornando solo unos pocos a España años después. Él fue el único que disfrutó de honores y rentabilizó el viaje obteniendo reconocimiento y prestigio, tal como siempre había soñado y perseguido.

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  19. Archivo General de la Nación de México. Exp. 008. Epidemias: Caja 3623
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  21. La rectora Isabel Zendala, piedra angular de la expedición. Diario La Opinión de A Coruña. Domingo 10 de septiembre de 2006.pp 7
  22. Archivo Histórico Nacional. Sección Estado. Legajo 53-A
  23. Tuells J, Duro Torrijos JL. Josep Salvany i Lleopart: el vacunador que atravesaba tormentas. Vacunas. 2010:3;125-132