Artículo 3
José Tuells
José Luis Duro Torrijos

Josep Salvany i Lleopart: el vacunador que atravesaba tormentas

Y tú, amable Salvany, que por obedecer las órdenes de un Rey tan grande, te has expuesto a tantos peligros por mar y tierra, entra a reposar de ellos, ocupando un asiento entre los esclarecidos Doctores de esta Universidad” 1, estas palabras de Hipólito Unanue pronunciadas durante el discurso de investidura como doctor al Vice-Director de la Real Expedición Filantrópica de la Vacuna (REFV) Josef Salvany, ponen de manifiesto el reconocimiento que le fue otorgado por sus pares de Ultramar. Era un 30 de noviembre de 1806, en una sesión solemne de la Universidad de Lima. Unanue le invita a tomarse un respiro conocedor del arrojo derrochado en el cumplimiento de su misión. Mientras, en Madrid, a donde ha llegado en el mes de septiembre, Francisco Xavier Balmis es recibido como el héroe de una gran hazaña médica. Las biografías de ambos, marcadas por su participación en la REFV, les aproxima: cirujanos militares, abnegados vacunadores, curiosos observadores de la naturaleza. La extensión de sus experiencias, les aleja. Para Balmis, que tiene 53 años, la aventura viajera americana no es la primera ni será la última, para Salvany, que no ha sobrepasado la treintena, la dedicación a la REFV será su vida y su muerte. Un atractivo juego de contrastes digno de una ficción literaria o cinematográfica. Un hombre maduro frente a otro más joven, un famoso frente a un olvidado, el que vuelve frente al que nunca volvió, el duro y correoso frente al sensible y enfermizo. El enérgico y el apacible. El asentado en la Corte de Madrid frente al de Barcelona. Si a todo esto añadimos la presencia en la REFV de una mujer como tercera protagonista, la Rectora Isabel, de incierto origen y apellido, de edad indeterminada, con destino final desconocido, la primera enfermera de la salud pública española 2, tenemos el magnífico contrapunto femenino para desatar desvaríos. Como última muestra del embrujo literario que sugieren los protagonistas de la REFV, valga un libro reciente en que la autora imagina un triángulo amoroso entre ellos mientras van salvando niños, una novela con tan excelentes referencias bibliográficas como irreales, pintorescas y almibaradas situaciones 3. Pero aceptemos todo lo que contribuya a difundir el conocimiento de la REFV y sus actores, desde la ficción al rigor historiográfico, pasando por los homenajes, como el dedicado este año a Josef Salvany por el Colegio de Médicos de Barcelona con motivo del bicentenario de su fallecimiento.

Además de las fuentes primarias, Archivo General de Indias, Archivos históricos de Quito o Sucre, Archivo General Militar de Segovia, exploradas por varios historiadores, podemos señalar como relevantes en el tratamiento de la figura de Salvany, los trabajos de tres de estos expertos, Aníbal Ruiz Moreno 4, Miguel Parrilla Hermida 5 y Susana Ramírez Martín 6 que en diferentes momentos han puesto énfasis en su notabilidad y contribuciones al éxito de la REFV.

Los cirujanos durante el siglo XVIII

Renovar, centralizar y disciplinar fueron los objetivos que se marcaron los reformistas ilustrados. La renovación sanitaria era fundamental, existía una gran diversidad en la organización de las ocupaciones sanitarias, sangradores, barberos, cirujanos, médicos, no tenían delimitadas sus responsabilidades 7.

Aquellos que prestaban servicio durante la primera mitad del siglo en el ejército era un gremio que pertenecía a la vez a dos clases sociales, la de los militares y la de los cirujanos.

En esa época, además de por razones de política exterior y defensa del territorio, la marina se encontraba en el eje de la economía española ya que el monopolio del comercio de Indias representaba todavía la fuente más importante de aprovisionamiento de metales preciosos. Mantenerlo, era una de las preocupaciones principales de los primeros Borbones. La necesidad de fomentar la marina era obvia, resultando comprensible que la mayor parte del gasto de la Monarquía estuviese destinado a los ministerios de Guerra y Marina. Sin embargo, para sostener una flota poderosa no bastaba con contar un buen número de efectivos armados y de tripulaciones bien formadas, se requería además un cuerpo sanitario que les atendiera, misión que se encomendó a los cirujanos. Esto condujo a una tarea renovadora de la cirugía española, varios documentos expusieron la necesidad de buenos cirujanos en la Armada, destacando el papel del cirujano catalán formado en Montpellier y Paris, Pere Virgili (1699-1766), que en un memorial dirigido al Marqués de la Ensenada, recomendaba poner en marcha un plan dirigido a mejorar la formación de quienes estaban destinados a ejercer la cirugía en los buques, creando un Colegio de Cirugía en el que fuera posible enseñar todo lo concerniente a esa materia. Poco después, el 11 de noviembre de 1748 Fernando VI dio su aprobación a los estatutos fundacionales del Real Colegio de Cirugía de Cádiz. El éxito de la iniciativa de Virgili trascendió a la Corte donde fue llamado para trabajar como cirujano de Cámara, tras su estancia en Madrid vuelve a Barcelona donde proyecta la creación de un colegio de cirugía que fue inaugurado en 1764. Fueron discípulos suyos José Celestino Mutis (1732-1808) en Cádiz y Antoni de Gimbernat (1734-1816) en Barcelona.

Antoni de Gimbernat (1734-1816) José Celestino Mutis (1732-1808)

Ambos colegios de cirugía además del creado en Madrid en 1787 y del que fuera primer director el propio Gimbernat, representaron la modernización y dignificación de la profesión en España y un vehículo para alcanzar prestigio, promoción social y mejoras económicas. También supuso el distanciamiento de los cirujanos frente a barberos y sangradores, a los que se destino a funciones de meros ayudantes o afeitadores 8.

Apertura pública del Colegio de Cirujanos con discurso de A.Gimbernat. 1787. Biblioteca Nacional de España

La Real Expedición Filantrópica de la Vacuna y Salvany

La REFV fue una campaña de salud pública de amplias proporciones, la primera expedición sanitaria de carácter mundial, un auténtico programa oficial de vacunación masiva realizado en el mundo y la primera campaña intercontinental de educación sanitaria. Ha sido calificada como la primera hazaña sanitaria, científica y humanitaria del mundo ilustrado 9. Una expedición de gran envergadura, avalada por la experiencia científica, utilizando el método científico como forma de razonamiento y ubicada en el periodo de la Ilustración.

Contaba con un proyecto avalado por la Corona, con un reglamento y el derrotero que se consideraba más ventajoso. Se instó mediante edicto real a todas las autoridades civiles y religiosas de Ultramar para que la apoyaran a la Expedición a su paso por los distintos territorios, dando muestra del interés por no dejar nada al azar. Uno de los preparativos previos, durante la primavera y el verano de 1803 fue el reclutamiento del personal expedicionario, la contratación del barco para el transporte y la determinación del sistema de transporte y conservación de la vacuna.

Los miembros de la tripulación tenían bien definidas sus categorías laborales, al igual que sus funciones, obligaciones y responsabilidades, según consta en el “Reglamento que deberán observar los Empleados en la Expedición destinada a propagar la Inoculación de la verdadera vacuna en los quatro Virreynatos de América, provincias de Yucatán y Caracas y en las Antillas” remitido por Balmis al Ministro Caballero dentro del Proyecto de Expedición 10.

Los expedicionarios partieron el miércoles 30 de noviembre de 1803 desde La Coruña al mando de Francisco Xavier Balmis (1753-1819), tras su paso por las Islas Canarias y Puerto Rico llegaron a Venezuela, lugar donde se subdividió. Balmis decide tomar rumbo a la América Septentrional y nombra a Josef Salvany director de la subexpedición que se dirigirá a la América meridional, definida por Díaz de Iraola como: “Pocos itinerarios podrán elegirse, que como el que siguió Salvany, reúnan tantas circunstancias de dificultad y aventura. A través de los Andes, abandonado o perseguido, entre gritos de júbilo, naufragios y temporales, perdiendo girones de su integridad física, manco en los Andes, mutilado de un ojo en Guaduas, en la polvareda de sus caminos, traza una ruta heroica en beneficio de la humanidad, de esta humanidad, que no sabe de él siquiera, cual fue su fin 11.”

Litografía de Manini y cía

En la decisión de Balmis para dividir la REFV cuando se encontraban en Caracas influyó la noticia del fallecimiento del Dr. Lorenzo Verges, que había sido comisionado en régimen de urgencia para llevar la vacuna a la capital del Virreinato de Nueva Granada donde se daba “la urgente necesidad de cortar el cruel contagio varioloso” que reinaba en el territorio santaferino. A este Virreinato correspondían las Reales Audiencias de Santa Fe de Bogotá, Panamá y Quito, comprendiendo territorios de las actuales Colombia, Ecuador, Panamá, Venezuela y regiones del norte de Perú y Brasil. Hacia allí se dirigirían Salvany, el ayudante Manuel Julián Grajales, el practicante Rafael Lozano, el enfermero Basilio Bolaños y cuatro niños como portadores del preciado fluido prendido en sus brazos 12 (tabla 1).

El 8 de mayo de 1804 se separan de Balmis en Puerto Cabello, dirigiéndose a bordo del bergantín San Luis, a la ciudad de Cartagena, pero el destino quiso, que a las doce y cuatro minutos de la noche del 13 de mayo, como cita Díaz de Yraola 11, el barco naufragase a las bocas del río Magdalena, cerca del pueblo de Barranquilla. Todos los expedicionarios se vieron afectados en el accidente. Viendo el riesgo que corrían, “desembarcaron precipitadamente en una playa desierta á barlovento de Cartagena” 6.

Estuvieron perdidos tres días, con los cuatro niños que llevaban desde Caracas para conservar el fluido. El incidente les había alejado del derrotero establecido por Balmis. Para retomar la ruta prevista tuvieron que atravesar “por el desierto a la Cienagas de Santa Marta y desde allí a Cartagena”. La Expedición no sufrió pérdidas humanas pero sí muchas pérdidas materiales, sobre todo ciertos instrumentos para la vacunación 6.

Tras ser socorridos, llegaron al pueblo de Barranquilla donde se proveen de dos niños e inician su viaje hacia Cartagena 4. Salvany propagó la vacuna en los pueblos de Soledad y Barranquilla, llegando a Cartagena donde fue bien recibido, al igual que el fluido importado, como demuestran las 2.000 personas vacunadas. Allí se creó una Junta de Vacuna muy activa, presidida por el Gobernador y compuesta por los miembros del Ayuntamiento. El Gobernador envió a las ciudades de Portobelo y Panamá un religioso con 3 ó 4 niños para propagar la vacuna, y además escribió al Gobernador de Río de la Plata enviándole instrucciones hechas por Salvany.

Transcurridos dos meses, la expedición partió hacia Santa Fe de Bogotá el 24 de Julio, llevando 10 niños con ellos y ordenando el Gobernador a las autoridades de los pueblos por donde pasaran que les ayudaran en todo preciso. De este modo, llegaron a la villa de Tenerife, donde vacunaron a más de 100 personas e instruyeron para continuar y mantener la inoculación. En la villa de Mompox descansaron algunos días, y allí Salvany dividió la subexpedición, mandando a Grajales y Lozano para dar la vuelta por Tunja y Vélez hasta reunirse con él en Santa Fe, trayecto en el que emplearon en total cuatro meses 4, 6.

Mientras, Salvany y Bolaños remontaron el río Magdalena, deteniéndose para inocular a las poblaciones ribereñas. En la villa de Nazele, le esperaban seis hombre y dos muchachos enviados por la ciudad de Medellín al objeto de ser vacunados e introducir la vacuna en dicha ciudad. Posteriormente pasaron por la villa de Honda, siguiendo su labor inoculadora. En esta ciudad Salvany tuvo que descansar, porque se encontraba aquejado de sus males, agravados en el ascenso de los Andes 10.

Enterado de la enfermedad de Salvany, el virrey Amar se alarmó. Con miedo a que la vacuna no llegase a Santa Fe, por una posible muerte de Salvany, igual que había ocurrido con Verges, dispuso la salida de Santa Fe de “un facultativo y niños, con los demás socorros necesarios tanto para su curación como para que dicho facultativo se hiciese cargo de la conservación del fluido si llegaba á morir Salvany” 6.

Llegaron a Santa Fe el 17 de diciembre con dos niños que portaban la vacuna prendida y allí junto a Grajales y Lozano comenzaron las vacunaciones periódicas y a gran escala, estimándose que en febrero de 1805 había 50.000 vacunados. Allí encontraron un clima muy favorable para vacunar propiciado por la colaboración de las autoridades civiles y eclesiásticas. También pudieron descansar y reponer fuerzas.

Durante su estancia en dicha ciudad, Salvany conoció al médico, botánico, sacerdote, y matemático José Celestino Mutis, que figura entre los más destacados iniciadores del conocimiento científico en el Nuevo Mundo. Gaditano, Mutis estudió medicina en la Universidad de Sevilla e hizo prácticas de cirugía en el Colegio de Cirugía de su ciudad natal, finalizando sus estudios en Madrid, donde por su relación con Virgili se queda por un tiempo como suplente de la cátedra de anatomía del Hospital General de Madrid y perfecciona sus conocimientos botánicos en el Jardín del Soto de Migas Calientes. En 1760 parte para América como médico particular del recién nombrado virrey Pedro Messía de la Cerda. No volvió a España y quedó vinculado al continente americano, concretamente a Colombia, allí se ordenó como sacerdote y ejerció la medicina aunque se le conoce más por su participación en Real Expedición Botánica del Virreinato del Nuevo Reino de Granada, promovida en 1783 por el arzobispo-virrey Antonio Caballero y Góngora, que duró 33 años y que produjo la obra “Flora de la Real Expedición Botánica del Nuevo Reino de Granada: 1783-1816” que Mutis no vio publicada en vida.

Portada de la obra Flora de la Real Expedición Botánica del Reino de Granada. 1783-1816. Biblioteca digital del Real Jardín Botánico.

Cuando se conocieron Salvany y Mutis, éste era un científico reconocido y llevaba más de 40 años en el continente americano. Mutis se había interesado por la vacuna y los beneficios que esta genera, de hecho, dos años antes de llegar la REFV, una mortífera epidemia de viruela asoló Santa Fe, intentando Mutis conseguir en vano tan preciado remedio. Durante una epidemia anterior ocurrida veinte años atrás (1782), el propio Mutis había revisado y ampliado por encargo del Virrey un texto procedente de México titulado “Método general para combatir la viruela”, en el que se aconsejaba el uso de remedios sencillos, como hacer para producir vómito, no tener acostado siempre al enfermo, airear la estancia, poco abrigo y baños de agua tibia durante las calenturas.

Expedición de Salvany, Grajales y Bolaños (08/05/1804-21/07/1810)

El 8 de marzo de 1805, abandonan Santa Fe volviéndose a dividir, esta vez Grajales con el enfermero Bolaños tomarán rumbo a la ciudad de Neiva y la Plata. Salvany y Lozano recorrieron las de Ybague, Cartago, Truxillo, Llano Grande, provincia de Choco y Real de Minas de Quilichas. Ambas expediciones se reunirán en Popayán el 27 de mayo 12.

En esas fechas se publicó en la Imprenta Real santaferina con el apoyo del virrey Amar un “Reglamento para la conservación de la Vacuna en el Virreinato de Santa Fe”, redactado para el funcionamiento de las Juntas de Vacuna en las principales ciudades del virreinato. En el mismo se detallaba, a sugerencia de Salvany, que fuesen destinados como lugares para conservar la vacuna las casas de capitulares, en lugar de los hospitales, para que no se relacionase la vacuna con la enfermedad, también se consideraba muy importante que en cada provincia existiese una junta formada por médicos, magistrados y sujetos ilustrados, que actuaran como activadores de la vacunación, dada la insuficiencia de médicos y el clima común de contagios 4,6.

Después de Popayán, Grajales y Bolaños recorrieron todos los pueblos de la costa hasta llegar a Quito para encontrarse con Salvany. Éste había llegado a Quito por la provincia de los Pastos, después de ir vacunando e instruyendo prácticos y médicos en Tulcán, Herradura, Villas de Ybarra y de Otavalo.

La estancia en Quito se prolongó dos meses. Antes de partir, Salvany sufre un robo, le sustraen 100 pesos y parte de su equipaje 12. El 13 de septiembre partieron hacia la ciudad de Cuenca, pasando por Latacunga, Ambato y Río Bamba. Arribados a Cuenca el 12 de octubre, vacunaron allí a 700 personas y organizaron una Junta Central 12. En la ciudad de Cuenca, las manifestaciones de acción de gracias fueron admirables y muy concurridas por la población. Se celebraron tres corridas de toros con caballos, bailes de máscaras e iluminación de la ciudad durante tres noches 12.

Partió la expedición desde Cuenca el 16 de noviembre, pasando y vacunando por Cumbe, Nabón, Oña, Gonzanama y Loja, en dirección a Lima, ciudad que estaba siendo azotada por una epidemia de viruelas de grandes proporciones. Tuvieron que acelerar su marcha atravesando los Andes en la estación menos propicia.

Llegaron a la ciudad de Piura el 23 de diciembre donde encontró dos cartas del virrey del Perú, en las cuales le ponía en conocimiento que había obtenido la vacuna y la había difundido 11. Apenas descansaron y salieron en dirección a Lambayeque el 9 de enero de 1806. Al llegar allí fueron recibidos con un total rechazo. La población rehusó la vacuna y denominaron a Salvany el Anticristo. Un grupo indígena le persiguió Salvany, no reconociéndose la llegada de la expedición. Ante la resistencia a recibir el fluido que prevenía de las viruelas naturales, Salvany abandona precipitadamente la ciudad en dirección a Cajamarca 12. Tanto en esta ciudad como en la siguiente, Trujillo, el grupo de Salvany fue bien recibido y en estos tramos del viaje encontraron en los religiosos bethlemitas unos grandes colaboradores. Esta orden religiosa del Hospital de Belém les proporcionó infraestructura y apoyo para efectuar su misión. Salvany encuentra amigos en Trujillo, allí se hospedaba el arzobispo de Charcas, Benito Moxo, que era un “dedicado protector de la Expedición desde que estuvo con ellos en Puerto Rico” 6. En Trujillo, Salvany intenta contactar con Grajales, cuya pista ha perdido desde que salieron de Santa Fe 10. Establecida la vacuna en Trujillo, Salvany decide preparar el viaje hacia Lima. En Trujillo obtiene los niños necesarios para transportar la vacuna hasta la capital del Perú.

Salvany llega a Lima a finales de mayo de 1806. Casi seis meses después se presentan en Lima Grajales y Bolaños 10. En Lima Salvany se encuentra con la sorpresa de que la vacuna ya había llegado a la capital del virreinato del Perú.

Inicialmente la estancia en esta ciudad fue dura. Les alojaron en un local inadecuado, donde no se atrevieron a inocular. Comunicaron al virrey Avilés su misión pero no se hizo caso del decreto que ordenaba la vacunación en masa. El problema era que conseguida la vacuna, los facultativos locales no estaban interesados en apoyar un proyecto de vacunación masiva con carácter filantrópico, ya que se estaba comercializando con el fluido antivariólico, vendiéndose entre dos placas de vidrio selladas o seco en trozos de tafetán inglés, traído desde Buenos Aires y que había llegado a Montevideo meses antes en los brazos de esclavos vacunados procedentes de Brasil . La vacuna no estaba controlada por facultativos, sino por comerciantes, que veían en este fluido un modo rápido y seguro de enriquecerse. Salvany se siente incapaz de luchar contra esta situación. Dedica sus fuerzas a elaborar un reglamento y a reponerse. Entabla relaciones con la clase intelectual limeña, participa en tertulias y establece una buena relación con profesores de la Universidad de San Marcos y especialmente con Hipólito Unanue.

La vacuna se había recibido en Lima el 22 de Octubre de 1805 por el Dr. Pedro Belomo, cirujano del Apostadero Naval del Callao, a quien se le había encomendado su conservación y cuidado. En ese momento, seis meses antes de la llegada de Salvany, había presentado al Virrey su primer niño vacunado con éxito, siendo resaltado este dato en el propio Cabildo celebrado en la ciudad en los siguientes términos “haber proporcionado, a esta ciudad, con sus apreciables diligencias, dignas de perpetuo reconocimiento el beneficio de la vacuna, muchos meses antes que llegase la Comisión y cuando la peste estaba haciendo mayor estrago” 13.

Con la llegada a Lima el 20 de Agosto de 1806 de un nuevo virrey, José Fernando Abascal, cambió la actitud hacia la Expedición, ya que este obligó a apoyar la tarea de los expedicionarios. Salvany se preocupa entonces por su correcta administración y gracias a su carácter y empatía, consigue la aceptación de los vecinos y los facultativos de Lima, destacando fundamentalmente su buena relación profesional con Pedro Belomo, cirujano de éxito, que intercedería a favor de la expedición ante el resto de la comunidad científica. Se configuró una Junta de conservación y propagación de la vacuna en la ciudad de Lima, instalándose, según consta en el libro de actas, el 1 de julio de 1806. Estuvo compuesta por las más altas autoridades, civiles, militares y eclesiásticas, destacando a los doctores médicos, Pedro Belomo y Manuel Dávalos como Consultores. La primera sesión se celebró el 3 de septiembre, asistiendo a ella el propio Salvany, quien posteriormente, en la segunda sesión celebrada el 19 de octubre, hizo entrega de la vacuna que trajera oficialmente de España a Belomo y Dávalos, asumiendo estos la responsabilidad de su correcta conservación y aplicación 13.

Desde Lima partirán rumbo a Arequipa, un trayecto que agrava la salud de Salvany. Las condiciones inclementes, el frío y la altura prolongan el viaje dos meses. El 8 de diciembre de 1807, enfermo en Arequipa, Salvany pasa unos días que incluyen esa Navidad intentando mejorarse. Pero tiene que seguir su camino rumbo a La Paz, ciudad perteneciente al virreinato de Buenos Aires, un territorio que abarcaba entonces una parte de las actuales repúblicas de Bolivia, Argentina, Uruguay, Paraguay y el sur de Brasil. El itinerario entre Arequipa y La Paz se hace insoportable, maltrecho, Salvany tarda 16 meses en hacer un recorrido de apenas unas semanas. Con solo un par de semanas de descanso retoma viaje desde La Paz hacia Cochabamba, otro largo y penoso viaje que durará 13 meses 6. Finalmente exhausto y enfermo, acaban su vida y su misión en Cochabamba el día 21 de julio de 1810 a los 36 años. Grajales y Bolaños todavía continuarían su misión vacunando en la Capitanía General de Chile hasta el mes de enero de 1812.

Perfil biográfico de Salvany

Durante años la fecha y lugar de nacimiento de Josef Salvany y Lleopart han permanecido confusas. La copia literal de su certificado de defunción recogida por Parrilla 5 tras un viaje a Cochabamba señalaba que “En el año del Sro. de mil ochocientos diez en veinte y uno de julio murió en su casa y en la comunión de nuestra Santa madre la Iglesia. D. Josef Salvani español, soltero, natural de Cervera principado de Cataluña, de edad de treinta y tres años, cuyo cuerpo fue sepultado al día siguiente en San Francisco con oficio resado. Se confesó para morir, con mi Teniente de Cura Rector D. D. Miguel de Arze el diez y siete de este mismo recibió el Viático y Extremaunción. De mi mano y para que conste lo firmo. Dr. Melchor de Ribera y Teran”. Este dato emplazaba su nacimiento en Cervera y su fecha de nacimiento al referir 33 años de vida en 1776, 1777 o 1778 dependiendo del autor 5,6. Por otra parte el libro de Matrícula de Latinos del Real Colegio de Cirugía de Barcelona sitúa su lugar de nacimiento en Barcelona.

Lo bien cierto es que Salvany nació en Barcelona el 19 de enero de 1774 según consta en el Libro de Bautismos de la Catedral de Barcelona, pudiéndose concretar por la misma fuente que al igual que Francisco Xavier Balmis, nace en el seno de una familia de cirujanos de Barcelona y continúa por tanto la tradición familiar. Le dieron como nombres Joseph, Joan, Sebastiá y sus padres fueron Joseph Salvany y Rojas y Marianna Salvany y Lleopart 14.

Partida de Bautismo de Josep Salvany

Comienzan sus estudios con dos años de Gramática (1784-1786) y dos más de Latinidad, Retórica y Poesía (1786-1788) bajo la dirección del presbítero Manuel Potous a los que siguieron tres cursos de Filosofía en el Real Colegio del Convento de San Agustín de Barcelona (1789-1791) 15.

El 15 de octubre de 1791 se examina de Latinidad, Lógica y Física en el Real Colegio de Cirugía de Barcelona y siendo aprobado asienta la matrícula. Cursa estudios en este centro desde 1792 a 1796, sufriendo el examen final en 1797 con nota final de sobresaliente y se autoriza su licenciatura en Cirugía. Consta que durante sus años de ejercicio en este Colegio actuó como ayudante de profesor de anatomía en la enseñanza a sus compañeros 16. Así, se cita en su expediente que “Dn Rafael Costa de Quintana catedrático de operaciones en el Real Colegio de Cirugía-Medica de San Carlos, y ex –catedrático de anatomía en el de Barcelona. Certifico que Dn Josef Salvany fue el discípulo del Real Colegio de Cirugía de Barcelona que entre todos se aplicó, y aprovecho mas en el tiempo que yo estuve enseñando en este colegio, distinguiéndose particularmente en la disección de cadáveres, pues no solo ayudaba al Director en la preparación de las lecciones anatómicas que yo había de explicar, si que también suplía de mi orden en ausencias y enfermedades de aquel. Que con mi ausencia hacia conferencias de anatomía a los alumnos de primero y segundo año escolástico, dio pruebas evidentes de su especial instrucción tanto en lo teórico como en lo práctico” 15. Este es el Colegio de Cirugía que fundara Virgili en 1764 y que formó a varias generaciones de cirujanos militares. En el periodo que estuvo en San Carlos recibió buenas calificaciones y expresó una especial inclinación hacia la anatomía como también certifica: “Dn Pablo Capdevila Director Anatómico de este Real Colegio de Cirugía (de Barcelona), sustituto a la cátedra de Anatomía y por Ayudante del Exercito. Certifico: que el Licenciado Dn Josef Salvany por el espacio de quatro años, ha asistido de Ayudante en todas las disecciones anatómicas, y que ha desempeñado por si solo quantas de estas de se ha confiado, a mi satisfacción, dando pruebas de su idoneidad, y por pericia, particularmente en estos dos últimos años, en los que se mereció un gran concepto por su continua aplicación, constancia y afición en la anatomía…” 15

El paso de Salvany por esta institución muestra a un alumno brillante, esforzado y responsable que tras acabar sus estudios inicia una carrera como cirujano militar. En primer lugar como cirujano interino en el cuarto Batallón del Real Cuerpo de Guardias Walonas (1797), después ocupa plaza de cirujano del Tercer Batallón del Regimiento de Infantería de Irlanda (1799) y finalmente sirve en el Quinto Batallón de Infantería de Navarra (1801). En el transcurso de este periodo de vida militar la salud de Salvany empieza a darle problemas por lo que intenta conseguir en 1799 un puesto como cirujano en alguna Facultad, algo a lo que no puede acceder 10. El 10 de julio de 1803 es nombrado primer ayudante de Cirugía y Cirujano del Real Sitio de Aranjuez, tras lo que Salvany solicita le sea concedido el uso del uniforme de cirujano real. Se le concede este privilegio por el Rey el 5 de septiembre de 1803, en atención a sus méritos contraídos en hospitales de campaña 10.

En ese momentos Salvany ya ha decidido involucrarse en el proyecto de la REFV. Una circular del Ministerio de Estado del mes de agosto informaba de los méritos que debían tener sus integrantes, refiriéndose al Director como “un médico de Cámara de Su Majestad” y a los ayudantes como “facultativos con formación médica”.

Salvany cumple los requisitos para participar en la REFV ya que los ayudantes han de ser además “sujetos de buena educación y de acreditado celo en la práctica de la vacuna a fin de que instruyéndose competentemente aprendan la operación de la vacunación” 6. Quizá Salvany presenta su candidatura como una salida a su delicada situación de salud, en un trabajo que le permita a la vez ejercer su profesión sin perder la condición de militar. La Junta de Cirujanos lo selecciona explicando que “Salvany, cirujano del Real Sitio, discípulo del Real Colegio de Barcelona podrá hacer las veces de Director por falta de este” 6.. Esto acredita su excelente formación y mérito considerando que no ha llegado a la treintena, también hay que reseñar que Salvany es evaluado por una Junta de Cirujanos que estaba compuesta por Antoni Gimbernat, Leonardo Galli e Ignacio Lacaba, continuadores de la labor de Virgili y vinculados a los Colegios de Cirugía de Cádiz, Madrid o Barcelona, éste último donde se había formado Salvany.

Se ha apelado a su juventud, carácter y excelencia profesional como elemento de contraste en relación a Balmis. Sin embargo tenían perfiles comunes, los dos provenían de un ambiente familiar de cirujanos, eran del cuerpo de cirujanos militares, tenaces y con sentido de la responsabilidad. No está documentado que se conocieran antes de los preparativos de la REFV, a mediados de 1803 es cuando se selecciona a Salvany y al resto de expedicionarios y, como la gestación del viaje fue muy rápida, parten de La Coruña a finales de noviembre de 1803. Entre esas fecha y la subdivisión de la REFV en mayo de 1804 apenas transcurren 8 o 9 meses. A Salvany no lo elige Balmis, que sí tiene potestad para hacerlo con los enfermeros y cuando Balmis decide que se separen los expedicionarios nombra a Salvany porque la Junta ya había indicado en su mandato que éste era su segundo y/o sustituto. El dictamen de la Junta de Cirujanos además de a Salvany recomendó como ayudantes a Ramón Fernández Ochoa y a Manuel Julián Grajales, ambos formados en el Colegio de San Carlos, el primero fue apeado de la Expedición antes de salir de La Coruña a instancias del propio Balmis por “generar desconfianza y desunión en el grupo”. El segundo fue adscrito por Balmis al grupo de Salvany que hará la ruta sur. Balmis solo recomendó personalmente a otro ayudante, el médico Antonio Gutiérrez Robledo, también del San Carlos pero que tenía “la ventaja de haberse dedicado a mi lado a la práctica de la vacuna” 6 y posteriormente “era un discípulo predilecto del Director de la Expedición” 6.

Balmis eliminó pues a un ayudante no propuesto por él antes de salir la REFV, encarga la ruta sur a los otros dos tampoco elegidos suyos, Salvany y Grajales, permaneciendo con él su recomendado Gutiérrez Robledo en su recorrido por Cuba, México y Filipinas. Balmis eligió la ruta que conocía mejor ya que había viajado a México previamente en varias ocasiones, además deja a su grupo (Gutiérrez, los Pastor, la Rectora, Crespo) en Filipinas con el encargo de que finalizada su labor vacunadora vuelvan a México con los niños y luego vayan a España. Él pasa por Macao, Cantón, Santa Elena y llega a España en septiembre de 1806, recibiendo todos los honores. Su vuelta al mundo duró apenas 3 años, su grupo de Filipinas no llegó a México hasta agosto de 1807, Salvany acaba sus días en Bolivia en 1810, Grajales todavía en 1812 vacunó en Chile. Para esa época Balmis ya había vuelto otra vez a México (1810) y en 1809 había redactado un informe negativo sobre la labor de Salvany, a todas luces injusto, en el que recomendaba no se le concediese un puesto en Lima donde podría finalmente establecerse. Estas sombras sobre la personalidad de Balmis se contraponen con la valoración positiva que siempre hizo Salvany sobre el trabajo de sus compañeros. Salvany se mostraba próximo a la población india a la que consideraba “bastante protectora y acogedora” 6 y se preocupaba por conocer sus costumbres o modos de vida 6. Por donde pasó recibió muestras de colaboración, comprensión y afecto como las de Mutis, Belomo, Dávalos, Devotti y Unanue, quizá este último la mas contrastada, ya que le apadrina en el momento seguramente más feliz de su viaje, la obtención del título de doctor.

José Hipólito Unanue (1755-1833), un polifacético ilustrado, médico, físico, estadista, fue su padrino de tesis, en calidad de catedrático de la Universidad de san Marcos de Lima. Unanue participó en el proceso de independencia de Perú como congresista y redactor de la Constitución, fue redactor del influyente Mercurio Peruano y fundó la Escuela de Medicina de san Fernando. Su obra más conocida es “Observaciones sobre el clima de Lima y su influencia en los seres organizados, en especial el Hombre” (1805)  donde intenta explicar las causas climáticas de las enfermedades en Lima al más puro estilo hipocrático.

Retrato de José Hipólito Unanue (1755-1833).1885. José Gil de Castro. Museo de arte – CCSM

Salvany en su examen de grado de Bachiller lee dos discursos en esa línea, el de ciencia médica, titulado “que el galvanismo era una electricidad negativa, por cuyo medio se explicaban los fenómenos que producía en el cuerpo humano”, y el de ciencia física, “que los picos de los Andes haciendo de conductores eléctricos, descargaban la atmosfera de la costa e impedían que tronase” 1, consiguiendo el grado de Licenciado en Medicina el 8 de noviembre de 1806 y el grado de Doctor el 30 del mismo mes y año, para lo que leyó una tesis médica sobre “la vacuna como profiláctico de la viruela” y otra física sobre el “calor de la materia” 1. Es obvio que Salvany estaba facultado para hablar sobre la vacuna pero quizá resulta más interesante sus observaciones sobre el galvanismo o el clima de los Andes, lo que revela su interés por la observación de los entornos por donde viajó. Precisamente desde Lima emitió un informe donde aconsejaba que las personas que se fueran a dedicar a propagar la vacuna, además de conocer los secretos de la vacunación deberían “poseer el conocimiento topográfico de los Reinos supradichos” 6, es decir saber con qué clima y geografía física se iban a encontrar, algo que a él no le ocurrió.

Unanue en calidad de presidente de las sesiones pronuncia sendos discursos donde resalta el beneficio para la sociedad del nuevo continente de la REFV, del monarca Carlos IV, y fundamentalmente, de la persona de Salvany, alentándole en la continuidad de su labor en las provincias que aun carecen de ella, “…este cuerpo de sabios, de cuyo sentimientos soy el órgano, quiere dar una señal de reconocimiento a nuestro Monarca, ciñendo la orla doctoral a este benemérito literato, a quien se digno elegir para traernos el fluido vacuno, y le imponemos una nueva obligación para que les de todo su lleno en las que le restan al Sur 1”. Unanue presenta a Salvany como un hombre de buen carácter, “la honestidad de tu porte, y la dulzura de tu trato, son unos argumentos irresistibles de la moral de tu alma” 1.

Entre la fragilidad y la perseverancia

 Una constante en la corta vida de Salvany fue su frágil salud. Se diría que su biografía está condicionada por tres rasgos, estudios y carrera militar, vinculación a la REFV y planeando sobre todo su periplo vital una lastimosa lista de padecimientos.

En los inicios de su carrera ya se cita que en 1798 pudo infectarse de tuberculosis, y al año siguiente tras ser nombrado cirujano del Regimiento de Irlanda : “En oficio de 31 de Julio dio gracias a la Junta y manifestó la precisión que tenia de tomar las aguas de San Hilario para recobrar su salud, por lo que no le era posible incorporarse con su Regimiento tan pronto como se le había encargado y deseaba. Por acuerdo de la Junta se le contesto en 16 de Agosto que no deteniéndose demasiado podía pasar a tomar dichas Aguas, antes de incorporarse con su Regimiento. Y con fecha de 18 de Septiembre acude nuevamente exponiendo su imposibilidad de viajar y por consiguiente de cumplir con el servicio de S.M y pide se le permute la plaza de Cirujano de Regimiento en otra de las fijas que proporciona la Facultad, o que se le admita la renuncia que hace de aquella 15. Salvany tiene 25 años.

Dos años después, el 1 de julio de 1801 siendo cirujano del Regimiento de Navarra expone que: “ha sufrido una grave enfermedad en el cantón de Extremadura y que ha quedado con exceso de debilidad e inapetencia por padecer frecuentemente tercianas y exponerse a los rigores del sol y del terreno”, solicitando que “se le emplee en algún colegio u hospital y si no puede ser que se le conceda una excedencia hasta que se restablezca su salud”. Salvany ha contraído el paludismo.

Con estos antecedentes se enrola en un largo viaje hacia un continente desconocido para él y lleno de riesgos. En su periplo americano, al poco de ponerse al mando de la subexpedición en Cartagena, da indicios de debilidad, en el naufragio que sufren siguiendo el río Magdalena pierde el ojo izquierdo “a causa de una fluxión que le sobrevino” 10. Atravesando los Andes se disloca una muñeca que debe conservar prácticamente inmovilizada, “no quedándole otro uso de ella que el de vacunar y escribir” 10. El mal de altura asociado a la tuberculosis le afectó los pulmones y sufría frecuentes hemoptisis. En carta de 1 de Octubre de 1806, que escribió desde Lima al referirse a su descanso en Popayán refiere “la misma enfermedad de ojos y efusión de sangre por la boca que había padecido en Santa Fe”.

El 31 de enero de 1807, llegando a la ciudad de Chilca refiere un “fuerte garrotillo 4o difteria en la garganta, que mina aún más si cabe su estado de salud. Después pasa a Santiago de Almagro e Ica, donde sufrirá un fuerte cólico y rigurosas tercianas.

En diciembre de 1807 cuando se agrava su estado en Arequipa le efectúan un reconocimiento los doctores del Carpio y Aguirre, certificando que “se confundía con la apoplejía por la intermitencia de su pulso y por la respiración estertorosa precedida de movimientos convulsivos y el síncope en su cesación nos presentaba un espectáculo de horror 6” comunicándole los citados facultativos de su estado que “su viaje le será demasiado penoso y fatigado y acaso sufrirá otro insulto vigoroso por entrar en estaciones de aguas y en países donde las falta de facultativos y medicina solo proporcionará su ruina” 6. Salvany solicita una vacante que le es denegada. En abril de 1809 otro certificado fechado en La Paz dice que padece “enfermedad de un afecto reumático de bastante consideración, … diversos ataques en el vientre, pecho y cabeza … puede ocasionarle un accidente mortal… sería más conveniente a su existencia fijar su residencia en un clima templado , sano y seco..” 6. No fue así y Salvany siguió condenado a vacunar a través de las tormentas, como le despidió Unanue: ¡Cuantas tormentas has sufrido por mar y tierra para librarnos de la viruela¡1

Financiación

Este trabajo se enmarca dentro del proyecto “Estudios sobre historia de la vacunología”, que cuenta con financiación de la Dirección General de Salud Pública, Consellería de Sanitat, Valencia.

Bibliografía

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  2. Ramírez SM, Tuells J. Doña Isabel, la enfermera de la Real Expedición Filantrópica de la Vacuna. Vacunas. 2007; 8: 160-6
  3. Arteaga A. Ángeles custodios. Barcelona. Ediciones B, 2010
  4. Ruiz Moreno A. Introducción de la Vacuna en América. Publicaciones de la Cátedra de Historia de la Medicina, Universidad de Buenos Aires. Buenos Aires, 1947
  5. Parrilla Hermida M. Biografía del doctor José Salvany Lleopart. Asclepio. 1980, XXXII: 303-10
  6. Ramírez Martín SM. La mayor hazaña médica de la colonia: La Real Expedición Filantrópica de la Vacuna en la Real Audiencia de Quito. Quito: Ed. Abya-Yala, 1999
  7. Martínez Pérez J. Colegios de Cirugía y Medicina legal: Una expresión de los procesos de intercambio entre fuerzas armadas y sociedad a final del Siglo XVIII. En Balaguer E, Giménez E. Ejército, ciencia y sociedad en la España del Antiguo Régimen. Alicante: Instituto Juan Gil-Albert, 1995
  8. Astraín Gallart M. Profesionales de la Marina, profesionales del Estado. La aportación del Cuerpo de Cirujanos de la Armada al proceso de profesionalización de la cirugía española del setecientos (1703-1791). En Balaguer E, Giménez E. Ejército, ciencia y sociedad en la España del Antiguo Régimen. Alicante: Instituto Juan Gil-Albert, 1995
  9. Balaguer Perigüell E, Ballester Añón R. En el nombre de los niños. La Real Expedición Filantrópica de la Vacuna (1803-1806). Monografías de la Asociación Española de Pediatría 2 (AEP), 2003
  10. Ramírez Martín SM. La salud del Imperio: La Real Expedición Filantrópica de la Vacuna. Madrid: Ed. Doce Calles, 2002
  11. Diaz de Yraola G. La vuelta al mundo de la expedición de la vacuna. Sevilla: Imp. De la Escuela de Estudios Hispano-Americanos, 1948
  12. Tuells J, Ramirez S. Balmis et Variola. Generalitat Valenciana, Conselleria de Sanitat, 2003
  13. Quirós C. La Viruela en el Perú y su erradicación: Recuento Histórico. Rev. Peru. Epidemiol. 1996; 9: 41-53
  14. Belaústegui Fernández, A. José Salvany y otros médicos militares ejemplares. Madrid: Ministerio de Defensa, 2006
  15. Archivo General Militar de Segovia. Expedientes Personales, Sección 1ª, Exp: S-396
  16. Libro de Matrícula de Latinos. Real Colegio de Cirugía de Barcelona. Ms. Núm. 171. A.U.C. f. 112